Piezas icónicas
Eames Lounge Chair: el sillón que quiso parecer un guante de béisbol usado
Charles y Ray Eames diseñaron en 1956 su primera pieza pensada para un público de alto standing, y desde entonces no ha dejado de fabricarse. Es, probablemente, la butaca más reconocible del diseño del siglo XX.
Foto: Sailko / Wikimedia Commons, CC BY-SA 3.0
Cuando Charles y Ray Eames presentaron su Lounge Chair and Ottoman en directo, en el programa Home de la cadena NBC en 1956, llevaban ya más de una década experimentando con el contrachapado moldeado en tres dimensiones, un proceso que habían perfeccionado durante la Segunda Guerra Mundial fabricando entablillados médicos y piezas para la aviación. La butaca fue, sin embargo, su primer diseño concebido explícitamente para un mercado de gama alta, alejado de las piezas más asequibles con las que se habían dado a conocer.
Charles Eames resumió la ambición del proyecto con una imagen muy suya: quería que la silla tuviera «el aspecto cálido y acogedor de un guante de béisbol ya usado». El resultado fueron tres cáscaras de contrachapado curvado —reposacabezas, respaldo y asiento— revestidas originalmente de chapa de palisandro de Brasil, tapizadas en cuero y suspendidas sobre una base giratoria de aluminio pulido. La referencia formal, reconocida por los propios diseñadores, era el clásico sillón club inglés, reinterpretado con los medios de producción industrial de mediados del siglo XX.
La pieza se fabrica desde su lanzamiento de forma ininterrumpida por Herman Miller en Estados Unidos —con Vitra produciéndola bajo licencia para el mercado europeo—, algo poco habitual en el diseño de mobiliario y que la ha convertido en un raro caso de objeto contemporáneo con estatus de clásico instantáneo y vigente a la vez. En 1960 entró a formar parte de la colección permanente del MoMA de Nueva York, donada por Herman Miller.
Su éxito comercial y su presencia constante en despachos, salones y platós de televisión —de series a portadas de revistas— también la convirtió, ya en los años sesenta, en una de las piezas de diseño más copiadas de la historia, hasta el punto de que los propios Eames tuvieron que advertir públicamente sobre las falsificaciones que circulaban por el mercado. Ese mismo nivel de imitación es, en cierto modo, la prueba más clara de hasta qué punto logró convertirse en arquetipo.
Actualizado el 13 de julio de 2026 · Fuente: Wikipedia
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