Piezas icónicas
La silla Cesca: el Bauhaus sentado en acero tubular
Marcel Breuer encontró en el manillar de su bicicleta la inspiración para una silla que cambiaría para siempre el mobiliario moderno. Casi un siglo después, Knoll sigue fabricándola tal y como él la concibió.

Foto: Holger.Ellgaard / Wikimedia Commons, CC BY-SA 3.0
En 1928, en pleno auge de la Bauhaus, el arquitecto y diseñador húngaro Marcel Breuer presentó un modelo de silla que rompía con siglos de carpintería tradicional: un armazón de acero tubular curvado en voladizo, sin patas traseras, sobre el que se tensaba un asiento y un respaldo de rejilla de caña tejida a mano. Breuer explicó en su día que la idea le vino del tubo de acero de su propia bicicleta, un material industrial hasta entonces ajeno al mundo del mueble doméstico. El modelo se catalogó originalmente como B32.
La pieza fue bautizada más tarde como Cesca en homenaje a Francesca, la hija adoptiva de Breuer, y con ese nombre es como se la conoce hoy en el catálogo de Knoll. Su construcción representa una síntesis muy propia de la Bauhaus: por un lado la lógica de la producción industrial y la repetición en serie que permitía el tubo de acero curvado; por otro, el oficio artesanal del tejido de caña, heredado de la tradición centroeuropea del mueble Thonet, que Breuer decidió conservar en lugar de sustituir por un material sintético.
La silla pasó por varios fabricantes a lo largo del siglo XX: Thonet la produjo desde finales de los años veinte, la italiana Gavina la reeditó en los años cincuenta, y quien terminó adquiriendo los derechos y la producción con licencia fue Knoll, que la incorporó a su catálogo en 1968 tras comprar Gavina. Desde entonces se fabrica de forma ininterrumpida, y una unidad original de 1928 forma parte de la colección permanente del MoMA de Nueva York, donde ha sido citada por sus conservadores como una de las sillas más influyentes del siglo XX.
Más allá de su valor histórico, la Cesca sigue siendo hoy una de las piezas más reconocibles del diseño moderno por una razón muy simple: no ha necesitado cambiar. El contraste entre la frialdad del metal y la calidez orgánica de la caña, y esa sensación de ligereza que produce el voladizo sin patas traseras, siguen resultando tan sorprendentes como en 1928.
Actualizado el 13 de julio de 2026 · Fuente: Wikipedia